Este fin de semana que estuvimos en la Warner elegimos el Hotel Las Artes, en Pinto, para alojarnos, un hotel de reciente construcción y que casi inauguramos. Estuvimos del 7 al 9 de Octubre, y se inauguró oficialmente el día 5 del mismo mes.
Lo bueno de alojarse en Pinto, es que tienes el parque a 5 minutos (7 km. por autovía), y el hotel estaba prácticamente a la entrada de la autovía.
Si no contamos el servicio del hotel, está fenomenal, buenos accesos para ir al parque, tranquilo, limpio, habitaciones cómodas, económico, pero el servicio del hotel es desastroso.
Para empezar, el hotel cuenta con 120 habitaciones, y este fin de semana estaba totalmente lleno, no quedaba ni una sola habitación, casi todos valencianos que llevábamos a nuestros hijos a disfrutar del parque. Lo curioso, es que contratamos la habitación en régimen de alojamiento y desayuno, y el restaurante del hotel solo dispone de unas 20 mesas, por tanto el caos era máximo.
Yo suelo levantarme pronto (sobre las 7 y media ocho) y no tenía ningún problema para desayunar, pero la gente que bajaba a desayunar a las 9, tenía que esperar entre hora y hora y media para poder desayunar. Una sola persona (a veces dos) se encargaba de retirar y limpiar las mesas y atender a los clientes. Se acababa la leche, el café, las tostadas … la gente quejándose, un descontrol.
Lo más curioso, fué la cena. Llegamos el primer día del parque sobre las 9 de la noche y fuimos al hotel a cenar. Nos dijeron que teníamos que esperar unas 2 horas, que estaba lleno. A un adulto le puede dar igual, esperar una hora, pero no a un niño de 3 años. Al final, tuvimos que coger el coche (porque no había ni un bar cercano) a buscar unos bocadillos.
Al día siguiente fué peor, con la lección aprendida, llegamos a las 8 de la tarde para cenar, y nos pudimos sentar. Pero al momento empezaron a venir todos los demás (las restantes habitaciones), para poder cenar.
Se sucedían casos increibles, por poner un ejemplo. Llegan dos personas y preguntan si pueden reservar para dentro de media hora (para ducharse y arreglarse), una mesa para 9 (con lo que casi llenan el restaurante). A los 5 minutos, llegan otros y reservan otra mesa para 5 (con la misma excusa) y así dos mesas más. Las reservan sin problemas. Sigue llegando gente y pide mesa para cenar. Les comentan los camareros que el restaurante está lleno. Y solo había una mesa ocupada. La nuestra (mi mujer, mi hijo y yo).
A la pregunta de los clientes de cómo puede estar lleno el restaurante, si está vacio les responden que está todo reservado. Los clientes dicen que han intentado reservar por la mañana y les han dicho que no se admiten reservas, por lo que se quejan. Se monta un enorme lio, empiezan a quejarse enormemente, así que los camareros solo se les ocurre quitar un par de mesas reservadas, para ofrecérselas a los últimos clientes. Se sientan y empiezan a cenar.
A los 10 minutos, vuelven los de las reservas. Dicen que tenían una mesa reservada para 9. Un camarero (diferente al que les ha hecho la reserva) les dice que no admiten reservas y que tendrán que esperar unas 2 horas. Se vuelve a montar un lio.
Llegan otros clientes, les dicen que no van a poder cenar, porque está lleno (ya ni esperas, ni nada). Los clientes comentan que han estado hace 1 hora y que les han jurado que podían venir a la hora que quisieran ya que ‘hoy no habría problemas’, se vuelve a montar.
Algo similar sucedía a la hora de pedir, la carta (por llamarla de alguna manera) constaba de 4 platos entrantes, 4 platos de carne y otros pocos de pescado (no habría más de 20 platos en total). Pedimos mi mujer y yo, y le pedimos al camarero que en vez de un plato de espaguettis con setas, si sería posible que fuese con tomate simplemente para el niño. Nos dicen que no, que ‘no se pueden salir de la carta’. Finalmente pedimos un revuelto para el niño.
Una de las mesas que se sientan a nuestro lado piden espaguettis con tomate para su hijo (a una camarera), se lo llevan sin problemas. Otra mesa cercana pide un plato para otro niño (no recuerdo que pidió exactamente), pero le pidió al camarero que fuera media ración, ya que el niño no se la iba a terminar. El camarero le respondió (el mismo que nos atendió a nosotros) que no se podían salir de la carta, y que no había medias raciones. La mujer le contestó que si era por el precio, que le podía cobrar la ración entera, pero le parecía mal que el niño se dejara medio plato. El camarero, en sus trece (y le llevó la ración entera)
En resumen, recomendaría el hotel solo alojamiento siempre y cuando hubiesen bares o restaurantes cercanos, pero no los hay. Así que si tienes que ir a Pinto, o a la Warner y deseas alojarte allí, más vale que te lleves el tupper de casa